Esa práctica artesanal denominada sa’eed, resulta un elemento de identidad y motivo de orgullo para sus artífices, quienes hacen gala de los conocimientos heredados de los antepasados para crear atractivas piezas bordadas.
Se trata de un trabajo de detalles realizado actualmente a la usanza de antaño, siguiendo las mismas normas básicas, como el empleo de los típicos telares.
La inclusión de la tradición en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia, es, sin dudas, un reconocimiento para el pueblo egipcio, comentó la ministra del sector, Enas Abdel Dayem, citada por Youm7.
Dicha distinción -agregó- favorecerá la preservación del procedimiento considerado muy trabajoso y poco rentable, debido al alto costo de los insumos.
Los tejedores que usaban hilo de seda costoso, lo han ido reemplazando paulatinamente por algodón a fin de aumentar la rentabilidad, además comenzaron a sustituir antiguos telares estrechos por otros más anchos, comentó la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en su sitio oficial.
Es preciso un gran espacio para instalar los telares y además los artesanos necesitan sufragar la inversión en materiales, de ahí que se esté descuidando esa manualidad, sus secretos no se transmiten como en tiempos pasados, por lo que formar una joven generación de creadores podría ser una solución, añadió la Unesco.
Tal modalidad está más arraigada en el Alto Egipto, al sur de El Cairo.
El textil egipcio data de la época de los faraones, cuando empleaban fundamentalmente lino para prendas cotidianas e incluso en el complejo proceso de momificación o preparación para el viaje a la eternidad.
Algunas de esas piezas perduraron hasta la actualidad junto a las momias de los más conocidos monarcas y reinas de la antigüedad, entre ellos Tutankamón y la célebre Hatshepsut, quien gobernó durante unas dos décadas.
En la tumba del primero aparecieron túnicas de lino, camisas, faldas, taparrabos y guantes.
En ciertos casos la ropa es tan fuerte que parece recién salida del telar; escribió el dibujante y arqueólogo británico Howard Carter, quien descubrió el sepulcro del faraón.
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